Rebeca regresó a su casa y se encontró de frente con la sonrisa de su pequeña y el rostro serio pero cordial de su enfermera, la señora Zully.
—Mami, mami, ¿saliste temprano para cuidarme?
—Algo así, mi amor —Rebeca se agachó y le dio un tierno beso en la frente a su hija.
Luego de acomodar la caja con sus pertenencias de la oficina en el cuarto de juguetes de su hija, se encontró con una hermosa muñeca de porcelana con el cabello dorado.
El primer regalo que la madre de Gael le entregó