18.
—Alexander, por fin contestas. Me tenías preocupada.
La voz de Scarlett llegó dulce y familiar, como si tuviera derecho a saber dónde estaba él a cualquier hora. Evelyn miró hacia la cama. Alexander permanecía casi inconsciente, con los ojos cerrados y la respiración pesada.
—No es Alexander —respondió.
Hubo un silencio breve.
—¿Evelyn?
—Sí.
Scarlett tardó unos segundos en continuar.
—No sabía que estabas con él.
—Estoy en mi casa. No debería sorprenderte.
—No quise decir eso. Solo me preocupé