26.
Evelyn tardó varios segundos en recuperar el aliento. Alexander estaba al volante, con el rostro rígido y una mano todavía cerca de su brazo. Afuera, Liam avanzó hacia el automóvil y golpeó la ventanilla.
—¿Qué demonios haces? —exigió Evelyn.
Alexander activó el seguro y arrancó.
—Eso debería preguntarte yo.
—¡Detén el coche! Mis documentos quedaron en la calle.
—Bennett puede recogerlos.
Evelyn se giró hacia él, indignada.
—No tienes derecho a meterme a un coche por la fuerza.
—Todavía eres mi