—Y lo haremos juntos — murmuró Briana, sonriendo. En ese instante, Agustín se sintió menos triste y un poco más esperanzado. Sin embargo, todavía sentía un trago amargo, un vacío en su corazón como nunca antes.
—Quédate aquí conmigo. Si quieres, puedes estar en una de las habitaciones y no pagar alquiler — susurró Briana.
—Briana, no quiero incomodarte.
—No me incomodas en absoluto — comentó Briana.
—Es que... sé que tienes miedo de dejar de pagar el alquiler y que pase algo que nos separe,