El trayecto a la iglesia fue una eternidad.
Cada semáforo en rojo parecía una pregunta sin responder. Cada calle recorrida era un recuerdo del beso que aún ardía en sus labios. Olí miraba por la ventana sin ver realmente el paisaje; solo veía fragmentos de lo que acababa de vivir.
Las manos le temblaban sobre el ramo.
Respiró hondo.
Cuando el auto se detuvo frente a la iglesia, el mundo volvió a tener sonido.
Las puertas estaban abiertas. Las flores enmarcaban la entrada. El murmullo de los poc