[ALYA]
El mar nos envuelve como un secreto. Las luces de la ciudad quedaron atrás, y solo queda el sonido del agua golpeando el casco del yate, rítmico, hipnótico. El viento sopla con fuerza, trayendo olor a sal y libertad, pero también esa sensación amarga de lo que huye y no puede quedarse.
Zaed está frente al timón, concentrado en el horizonte. El reflejo de la luna recorta su silueta, y por un instante parece otra vez aquel muchacho que me hizo creer que todo era posible. Pero no lo es. Ya