[ZAED]
La mañana entra sin pedir permiso.
Una franja de luz se cuela entre las cortinas y se posa sobre la cama como una promesa tibia, insistente. Alya duerme de lado, con el rostro relajado por primera vez desde que regresamos a Miami. Su respiración es lenta, profunda. Hay algo casi milagroso en verla así después de todo lo que atravesamos.
Me deslizo fuera de la cama con cuidado. No quiero despertarla.
En la cocina, el penthouse parece otro. Más silencioso. Menos vigilado. Preparo café, cor