[ZAED]
La madrugada ya está con nosotros, y el silencio pesa más que cualquier palabra. La brisa fría golpea mi rostro, pero no me despierta; estoy atrapado en esa frase que ella dijo, en esas pocas palabras que destruyeron todo lo que creía haber dejado atrás: “Lo perdí.”
No solo la dejé a ella. También dejé a nuestro hijo.
Me cuesta respirar. Siento el pecho apretado, como si el aire mismo se negara a entrar. Ella está a mi lado, mirando el mar, y cada vez que su pecho tiembla por el llanto c