El viento golpea mi rostro mientras la miro, pero no siento la brisa. Todo mi ser está concentrado en ella, en sus palabras que acaban de romperme por dentro: “Zaed… tuve un bebé… tu bebé. Pero… lo perdí.”
Siento que la tierra se tambalea bajo mis pies. Cada ola que rompe contra la orilla parece llevarse un pedazo de mi corazón. La culpa me consume como un fuego que no puedo apagar. Cinco años intentando construir una vida lejos de ella, perfeccionar mi carrera, conquistar mis miedos… y todo es