—Vamos amiga, paguemos con nuestras tarjetas, que si tienen dinero, qué vergüenza, que vengan a hacer perder el tiempo a las pobres chicas que están trabajando, eso no se hace. —Dijo Alba, mientras reía, las chicas que trabajaban en el local también se rieron al ver a aquellas dos mujeres tan estiradas en esos aprietos.
Alondra y su madre se retiraron sin decir una sola palabra, para mujeres como ellas, esa situación equivalía al fin del mundo.
Ana y Elba salieron del local un poco después, se