Eva se acercó, se le quedó viendo fijamente a los ojos, después de esto le soltó tremendo golpe en la cara.
—Eso es por burlarte de mí, desde ahora Antón Mondragón soy tu enemiga declarada.
Antón no contestó, solo coloco su mano sobre la mejilla que había sido golpeada, mientras la veía alejarse.
—Bien, dicen que no hay peor veneno que el de una mujer despechada, así que será mejor que cuide a Ana. —Se quedó ahí pensando, tomó en teléfono para llamar a Ana.
—Aló. —Escuchó su dulce voz, hacerlo