Ana esperaba a Antón para ir por los gemelos, se sentía mal por engañarlo de esa manera, vio que el auto se acercaba y salió hasta la entrada, ella caminó hacia él.
—Buena tarde, señor Mondragón.
—Ahora soy el señor Mondragón, creo que es para despistar que me has visto desnudo.
—Antónnn calla por favor.
—Ja, ja, ja, te ves tan adorable cuando te sonrojas.
Al llegar al colegio, dos pequeños huracanes salieron corriendo.
—Papá acudir al colegio es lo más genial del mundo.
—Sí, papi, aquí hay muc