“Dos vidas…”
Las dos palabras le estallaron en la cabeza a Gael como un trueno.
Se quedó rígido, con los ojos inyectados de rojo, clavados en el cuerpo cubierto por la sábana. La mente en blanco.
No.
Sofía no podía estar muerta.
Esa mañana—¿no había dicho, con voz rota, que estaba embarazada?
—¡¿Qué tonterías estás diciendo?! —Gael sujetó al sanador por el cuello de la bata, fuera de sí—. ¡Está fingiendo! Revívela. No importa cuánto cueste, no importa qué medicamento haga falta. Tráela de vuelta