Así seguimos viajando por diferentes lugares, disfrutando cada momento. Tadeo resultó ser un guía increíble, y gracias a él descubrí muchas cosas que jamás había vivido, nuestro viaje se volvió cada vez más dulce y alegre.
Cuando íbamos rumbo a otro destino turístico, vi frente a la entrada del aeropuerto a un hombre que parecía un lobo sin hogar. En cuanto me vio, se le aguaron los ojos.
—Aitana, te he buscado tanto… ¡por fin… te encontré! —dijo con la voz ronca y la garganta seca.
Por un insta