Mundo de ficçãoIniciar sessão“Esto no forma parte de un sueño.”
El cuerpo de Rose no ha dejado de temblar, mantiene sus manos unidas mientras intenta mantener los ojos cerrados, las mujeres de antes o más bien “devotas” la han llevado a una habitación parecida al altar principal que vio inmediatamente llego.
Pero hay algo que no deja de inquietarla.
El retrato de aquellos tres hombres inmortalizado en una especie de pintura que parece más real de lo que le gustaría admitir, la misma le llama. No es solo curiosidad, parece ser algo más oscuro.
—Rezaras hasta que llegue el momento de reunirse con los maestros. —Le dijeron. —La iniciación empezará rápido y será importante que te liberes del mundo mortal…para siempre. —Rose asiente un poco confundida.
—¿Debo estar aquí sola y rezar? —Las devotas hacen una aprobación con la cabeza, sin decirle nada más. Parece que le ocultan algo importante.
—Es correcto hermana Rose. —Responde la otra devota. —Antes de que nos vayamos, ¿Existe algo que tu cabeza no entienda? —Ella se sonroja, baja el habito o más bien vestido que le han dado.
—Si… ¿Puedo ponerme ropa interior? —Pregunta incomoda, su rostro se vuelve casi tan rojo como su pelo. —El vestido…
—Habito ceremonial. —La corrige una de las devotas con una sonrisa de costado.
—El “habito” es hermoso…si, pero algo revelador y me preguntaba si al menos podría tener mi ropa interior conmigo. —Las dos devotas parecen mirarse entre sí y sonreír. Luego, proceden a irse como si nada. —¡Oigan! —Les grita Rose para detenerlas.
—Te recuerdo hermana Rose que, el mensaje de los maestros era claro, tienes que despojarte de todo aquello que te ata al mundo del hombre. Incluso aquello que llamas ropa interior. —Incrédula, ambas mujeres la dejan sola.
—Genial…esto no es normal, una iglesia moralmente correcta no deja que sus miembros anden por ahí sin nada abajo. —Murmura para sí misma, bajando una vez más la parte del vestido que deja casi a la descubierta su entrepierna.
¿Quizás esas mujeres también andaban sin nada debajo del habito? Fue la pregunta que se instaló en Rose.
Como sea.
Si iba a estar ahí, esperando a los “maestros” suponía que no tenía nada de malo que mirara un poco. ¿Verdad?
Entonces su mirada recorre toda la habitación, y aquel cuadro no ha dejado de llamarla a acercarse. ¿Puede tocar algo? No se lo dejan claro, mucho menos parece haber algo que se lo prohíba entonces, mira el gravado debajo del cuadro.
“Entre el mundo del hombre caminan y dominan…seres más allá de la comprensión misma, no están aquí para obedecer, sino, para controlar.”
Leonardo yacía en el centro, portaba unas vestiduras blancas, detalles dorados. Una mano descansaba sobre el respaldo del que parecía ser un trono, su mirada estaba fija, Rose sentía que casi la estaba mirando a ella.
Matteo se encontraba a la izquierda, brazos cruzados, poseía unas cadenas visibles, ¿Por qué las tenía?, no es algo que ella pudiera responder, pero, su expresión era severa, como un guardián o verdugo, muy difícil de distinguir la verdad.
Finalmente, Luca estaba a la derecha, más atrás, sonrisa tenue, unos ojos verdes, demasiado amble, a decir verdad, pero era lo que más inquietaba a Rose.
Los dedos de Rose acarician el cuadro, posee detalles dorados en las esquinas, sus ojos se posan en la fecha de creación del cuadro, ella entrecierra los ojos intentado distinguir la fecha, sin embargo, no se ve claro.
—Supongo que no tiene importancia. —Murmura para sí misma. Una vez más, observa a esos tres hombres. Leonardo, Matteo y Luca. Los “Maestros” como le han llamado aquellas mujeres. Hay algo escalofriantemente familiar en ellos.
Pero, ¿Qué era exactamente?
Ella no puede responder a eso.
Un suspiro abandona sus labios y queriendo algo de calma para sí misma, Rose se arrodilla para rezar. Cierra los ojos y lo intenta.
Claro que lo intenta.
Pero las palabras no salen de sus labios, mucho menos un pensamiento coherente, quiere… ¿Pedir por su alma? ¿Por su salvación? No sabe a ciencia cierta. Solo quiere dormir una noche sin que esos molestos sueños la atormenten.
Desea no tener que lidiar con los demonios que la tocan y acaban con sus energías hasta dejarla en un estado de cansancio extremo.
Eso quiere.
Eso es lo que pide entonces.
—Amen…—Murmura finalmente. El silencio se extendió por la habitación en donde ella se encontraba. Durante unos segundos no ocurrió nada.
Nada cambio.
No hubo respuesta.
Aun así, la sensación que de soledad a la que estaba tan acostumbrada, se sintió lejana. Por primera vez en mucho tiempo, la compañía desconocida se hizo presente.
Rose abrió los ojos, su respiración se detuvo pues tres figuras permanecían de pie frente a ella. Como si siempre hubieran estado allí. Igual que sombras que nacían de la nada, ella se atreve a pensar que, la oración que hizo hace unos segundos no llego al cielo.
Parecía haber sido contestada por ellos.
Tan pronto como Rose se pone de pie, lo hace demasiado rápido, su corazón late como loco, le golpea las costillas. Sabe que ha visto a esos hombres antes, la sensación de antes vuelve, justo como en sus sueños.
Solo que no se siente muy segura de mencionarlo ahora. Pero, algo en su interior le avisa que debe huir antes de que sea demasiado tarde. ¿Por qué?
—Ustedes…Los he visto antes. —Su voz sale casi inexistente, a punto de romperse. Leonardo, la mira con una sonrisa que para nada es amigable, al mismo tiempo parece estar extrañamente satisfecha.
Como si acaba de escuchar exactamente lo que esperaba.
—Por supuesto que nos conoces. —Las palabras de Leonardo caen suaves, demasiado para el gusto de ella.
Siente el peligro en sus palabras.
—Hemos estado contigo cada noche, desde hace muchas semanas. —Le dice él, tranquilo, mientras que Rose siente su estómago hundirse.
Esto es malo.







