Millie se soltó de un tirón, le lanzó una mirada asesina y le dio la espalda. Él volvió a seguirla por el pasillo dispuesto a exigirle una respuesta.
Pero cuando vio los muebles embalados, las cajas apiladas en un rincón ylas maletas al pie de la escalera, fue como si le soltaran un puntapié en la boca del estómago.
—¿Qué significa todo eso? ¿Es que te vas? —preguntó desencajado.
—Sí.
—¿Adónde?
—Tampoco es asunto tuyo.
De repente el miedo se apoderó de él y emergió en forma de rabia.
—No lo voy