Mientras Valentina observaba fijamente a Marko, sentía tanto miedo. Ahí estaba otra vez esa versión extraña que jamás logró comprender de su jefe. Y si daba un paso en falso, terminaría repitiéndose la historia, donde él destruiría todo su mundo, porque antes de odiarla, sabía que, ante todo, estaba su obsesión, su oscura y enfermiza obsesión por poseerla por completo.
Valentina, veintiocho años (tres meses antes de morir):
Lorenzo desplegó una enorme sonrisa retorcida y apoyó sus dos manos sobr