—¿Alguna vez en tu vida has visto una barra de oro? —le preguntó Marko una tarde.
Esa vez Valentina no sabía cómo reaccionar ante lo que veían sus ojos. Marko le extendió el lingote de oro y la joven lo tomó con sus dos manos, era pesado, ancho y duro como un bloque, resplandecía y casi se podía ver reflejada en el oro.
—Con un único lingote podrías vivir cómodamente para el resto de tu vida y dejar una fortuna a tus hijos —le comentó Marko.
—¿Y cuántos de estos posee la familia Rumanof? —indagó