SEBASTIÁN
Ella es hermosa.
Mientras le quito la ropa y permanece dormida, me siento como en un maldito sueño, su piel es tersa, su cuerpo es delicado, duerme sobre la cama en la que la he colocado, no puedo evitar darle un reguero de besos mientras deslizo su falda por sus largas piernas, ella queda en ropa interior, deseo tanto verla sin una sola prenda, pero eso tiene que esperar.
—Dios, eres hermosa —inspiro con fuerza.
Su cabello rubio y largo, cae como cascada sobre sus hombros, sus pechos