DEBBY
El frío de la noche cala mis huesos, aunque no sé si es la temperatura o el temblor de mis manos lo que realmente me hiela por dentro. La brisa trae consigo el olor a tierra húmeda, como si el mundo supiera lo que está a punto de ocurrir, como si la naturaleza misma anticipara el desastre. Detengo mi atención frente a Sebastián, su mirada está cargada de terror. Tiene sangre en el labio y el miedo tatuado en el rostro. Mi navaja brilla bajo la luz pálida de la luna, misma que le clavo en