DEBBY
El sonido del cierre de la maleta se arrastra como un eco que hace retumbar mi corazón en el pecho. Cada objeto que meto parece un trozo de vida que arrancaba a la fuerza, un pedazo de la rutina que había construido para protegerme, para mantener lejos las sombras del pasado. Miro la cuna donde Mateo, con su cabello dorado, juega feliz con el auto de juguete que Rupert le había dado. El brillo metálico del auto, tan elegante, tan desproporcionado para las manos de un bebé, me recuerda las