NARRADOR OMNISCIENTE
La habitación de Minerva Hill era un caos de cristales rotos, muebles desordenados y cortinas arrancadas de sus amarres, ondeando desmayadas como banderas vencidas. Su respiración era un torrente incontrolable, un río embravecido que amenazaba con llevarla a la orilla del colapso. Sus manos temblaban mientras lanzaba al suelo una figura de porcelana que se estrelló en mil pedazos, cada fragmento rebotando como un eco de su rabia enloquecida.
Su hija, Debby, se había equivoc