DEBBY
Los nervios no me han abandonado desde que salimos del hotel. Sebastián ha estado serio y callado todo el tiempo. Me remuevo inquieta en mi asiento; he hecho varios intentos en vano por concentrarme en otra cosa, en buscar soluciones para no arruinarle la velada. Sin embargo, en todos, el final es desastroso. Comienzo a creer que fue una muy mala idea haber aceptado venir.
—Te ves muy apuesto —es lo primero que suelto.
Sebastián me mira y asiente una sola vez, para volver su atención a la