94. Era libre
Marisol López
A la mañana siguiente me sorprendió que Erik ya no estuviera. No lo había sentido levantarse, ni mucho menos salir. En el buró, doblada con cuidado, había una nota en su letra firme:
"Fui a mi casa a ducharme, paso por ti a llevarte a la clínica, te quiero mi Ángel."
Mi corazón se estremeció como si lo hubiera acariciado con esas palabras. Aún sentía que flotaba, envuelta en esa nube ligera y brillante que me dejó la noche anterior.
Me levanté con ánimo y preparé un desayuno para