26. Farsa
Ernesto Duarte
Frente al espejo, pasé la mano por mi cabello, alisándolo hacia atrás con precisión. Me acomodé el saco oscuro sobre los hombros, ajustando con cuidado los bordes para que cayera con elegancia. El nudo de la corbata ya estaba perfecto, yo no hacía nada a medias, pero repasé los bordes con los dedos por costumbre.
Giré ligeramente las muñecas, encajando los gemelos de plata, regalo de mi abuela Catalina. Me observé unos segundos más. Impecable. Como siempre. O al menos, esa era la