27. Dudas
Ernesto Duarte
La noche ya caía, y las luces de la ciudad se deslizaban a los costados del automóvil como líneas doradas y difusas. El volante estaba firme bajo mis manos, pero mi mente estaba a kilómetros de distancia, dándole vueltas a todo lo que acababa de pasar, esperaba que con eso Vivian no volviera a molestar.
A mi lado, Karla revisaba su teléfono con la emoción de quien acaba de grabar una escena de película.
—¿Pasamos por algo de cenar? —preguntó de repente—. ¿Unas hamburguesas? Odio