24. No te detengas
Sara Sandoval
Lo miré entrar como si se tratara de una escena fuera de lugar…
Un error del universo.
Una trampa del destino.
Ernesto Duarte.
Ahí estaba. Dentro de mi departamento. A escasos pasos de mí.
Y yo… en pijama.
Shorts. Tirantes. Cara lavada. Cabello recogido a medias.
Nada me había preparado para esto.
—Buenos días —saludó con esa voz suya tan… suya. Firme. Profunda. Como si el aire cambiara de temperatura solo por escucharlo.
—Buenos días —respondí en automático, sintiéndome repentina