10. Harta
Emilia Díaz
Ya no podía soportarlo más.
Gloria se estaba tomando atribuciones que no le correspondían. Ahora resultaba que ni siquiera podía hablar con mi madre a solas porque ella tenía que estar presente. Siempre, como una sombra, acechando, asegurándose de que nunca estuviera fuera de su vista.
Pero esta vez había ido demasiado lejos.
Mi madre ya se había dado cuenta de mi molestia. No le gustaba Gloria, y no hacía el mínimo esfuerzo por ocultarlo. La trataba como a un simple trapo. Pero el