Al ver a la suegra tan emotiva, Elisa también se acercó y la envolvió en un abrazo apretado.
—Estamos aquí, ¿sí? —susurró con cariño—. Siempre vamos a estar cerca. Usted nunca va a quedarse sola, pase lo que pase.
Aurora respiró hondo, abrazando a los dos al mismo tiempo, intentando recomponerse.
—L