Mientras sentía las manos de Hector recorriendo su cuerpo, Ava cerró los ojos y dejó que una lágrima solitaria corriera por su rostro. Sabía, en lo más profundo de su alma, que aquella sería la última vez. La última vez que se entregaría a ese contacto, a esa ilusión. Por más que deseara alejarse, necesitaba sentirlo una última vez… antes de irse para siempre.
Entrelazados en la cama, envueltos solo por las sábanas y el calor del otro, se entregaban como nunca antes. Ella permitía que él guiara