Mundo ficciónIniciar sesión—Ava, ¡respóndeme! ¿Qué estás haciendo aquí? —pregunta Hector con una voz grave que resuena por la habitación un poco más alto de lo debido.
Su sorpresa es evidente y Ava nota un rastro de pánico en sus ojos.
—¿Por qué apagaste la televisión en cuanto me viste? —indaga ella, cruzándose de brazos, sintiendo que algo no está bien.
—Ah, la apagué porque te vi entrar… —Empieza Hector, claramente luchando por encontrar una excusa plausible.
—Entonces enciéndela otra vez, ¿por favor? —pide ella, dando un paso hacia él, mostrando su curiosidad. —Quiero ver qué estaban pasando y, especialmente, también quiero saber sobre aquel hombre que estaba llorando en la pantalla.
—No, no puedo hacer eso —responde Hector rápidamente, mientras la expresión de su rostro se endurece.
—¿Por qué no? —desafía Ava, sintiendo nacer su frustración. —¿Por qué no quieres que lo vea?
—Porque eso no es bueno para ti —suelta él, intentando disfrazar su verdadera preocupación.
Antes de continuar, hace una pequeña pausa.
—No quiero que veas lo que estaban pasando allí, al menos no ahora. Es demasiado fuerte.
Su respuesta alimenta aún más la curiosidad de Ava, dejándole la sensación de que él está escondiendo algo realmente importante.
—Por favor, Hector… —insiste.
—¡Ya dije que no! —Esta vez, su voz sale más firme. —Necesitas descansar la mente, hoy ya fue un día muy cargado para ti —explica.
—Pero… ¿Y aquel hombre en la TV? Parecía muy afectado. ¿Quién es él? —Ava no logra ocultar su curiosidad, enfocándose en el hombre claramente perturbado que había visto.
Sintiendo que necesitaba una respuesta rápida para evitar más cuestionamientos, Hector decide improvisar una explicación.
—Él fue uno de los testigos del accidente. Ese hombre vio tu vehículo caer por el acantilado —responde brevemente, intentando sonar convincente.
—Pero parecía tan emocionado, como si fuera alguien cercano… —replica Ava, aún no completamente convencida por la explicación.
—Estaba conmocionado porque presenció todo muy de cerca. Ver un accidente como el tuyo desde tan cerca puede dejar a cualquiera afectado —explica Hector, esperando que eso calme su curiosidad por el momento.
—Está bien, lo entiendo —responde ella, todavía un poco desconfiada, pero decidiendo aceptar su explicación por ahora.
La idea de que un testigo pudiera haberse afectado tanto simplemente por ver el accidente tenía cierto sentido, pero no la convencía del todo; aun así, volver a demostrar que no creía en lo que él decía sería un error muy serio que no quería cometer en ese momento.
Percibiendo su vacilación, Hector decide tranquilizarla, planeando una forma de manejar la situación para que ella se sienta cómoda.
—Cuando te sientas mejor, haremos lo mismo que hicimos con las fotos. Nos sentaremos juntos y veremos las noticias sobre tu accidente —sugiere con suavidad. —No quiero sobrecargarte con esto ahora.
Ava asiente, apreciando su consideración. La promesa de Hector de que enfrentarían juntos las noticias cuando ella estuviera lista le daba cierto consuelo. Sentir que no estaba sola en eso la ayudaba bastante.
Sintiéndose invadida por una ola de gratitud, se acerca a él, movida por la ternura de sus palabras, y lo abraza, acurrucándose en sus brazos fuertes.
—Eres tan atento —murmura, sintiendo la seguridad que le brinda su abrazo. —Tu preocupación solo me hace entender por qué llevamos tanto tiempo juntos. Incluso sin recordar nada, veo cuánto cuidas de mí.
Hector siente que el corazón se le oprime por el impacto de sus palabras. Entonces, en ese momento, decide abrazarla con más fuerza.
Debido a que había apagado la televisión, solo una pequeña luz del abajur los iluminaba.
Mientras la sostiene entre sus brazos fuertes, siente el calor de sus respiraciones mezclarse con el latido de sus corazones. Nunca en su vida había estado tan cerca de una mujer de esa forma, sin segundas intenciones.
—Necesitas volver al cuarto, Ava —sugiere.
—Pero, Hector…
—¡Nada de peros! —interrumpe. —No deberías estar aquí, y mucho menos haber bajado la escalera sola.
—No pude dormir… —explica ella. —Así que decidí caminar un poco.
—No puedes hacer esfuerzos, es por tu bien. Vuelve a la cama —sugiere.
—Ya estuve demasiado tiempo en esa cama, ¿no crees?
—No, no lo creo. Necesitas reposo absoluto, por eso te prohíbo bajar a este piso sin mi permiso. ¿Me estás oyendo?
—No soy una niña —rebate ella.
—Sé que no lo eres, pero necesitas entender que el accidente te dejó bastante lastimada. Además, está también el bebé que perdiste. —Hector toca el tema con cautela.
Al oír sobre el bebé, la expresión de Ava cambia al instante.
—Hector, ¿cómo te sientes por la pérdida de nuestro hijo? —pregunta, dejando que la curiosidad disimule la tristeza en su voz.
Hesitando por un momento, Hector intenta encontrar las palabras para esa situación, pero termina desistiendo.
—Ava, yo… —Empieza, claramente incómodo. —Prefiero no hablar de eso ahora. ¿Podemos dejar esta conversación para otro momento? —pide, intentando mantener la delicadeza.
—Entiendo —responde ella, percibiendo la dificultad que él tiene para hablar de ese asunto. —Imagino que para ti también debe ser muy doloroso.
—Sí, lo es… —confirma con voz baja.
—Perdón, no debería haber sacado eso ahora —se disculpa Ava rápidamente.
—Intentemos no pensar en eso ahora, ¿de acuerdo? Voy a llevarte de vuelta al cuarto —determina.
Sin esperar respuesta, Hector la levanta en brazos con cuidado, sube la escalera con Ava entre sus brazos y atraviesa el pasillo hasta su cuarto, donde la deposita suavemente en la cama.
—¿Por qué no te quedas aquí conmigo? —pregunta Ava, sujetándolo del brazo para que no se aleje.
—No puedo —responde Hector.
—¿Por qué?
—Porque necesitas descansar, y quedarme a tu lado puede ser una gran tentación —revela con sinceridad, intentando mantener una línea entre el cuidado y la tentación que lo domina.







