El silencio dentro de la habitación se volvió sofocante.
Adrián seguía sosteniendo el teléfono contra su oído mientras el color desaparecía lentamente de su rostro.
—¿Qué demonios estás diciendo?
La voz de Samuel sonó tranquila.
Demasiado tranquila.
—Pregúntate por qué aceptó trabajar contigo tan fácilmente.
El corazón de Emilia comenzó a latir violentamente.
No entendía nada.
—Samuel—
—O mejor aún… revisa quién recomendó su nombre antes de contratarla.
Y la llamada terminó.
El sonido del teléf