La zona industrial estaba completamente desierta.
Oscura.
Abandonada.
Los enormes edificios oxidados parecían fantasmas bajo la lluvia mientras las camionetas negras avanzaban lentamente entre charcos y estructuras destruidas.
El corazón de Emilia no había dejado de latir violentamente desde que salieron.
Y Adrián…
Dios.
Adrián parecía alguien consumido completamente por la desesperación.
Iba sentado frente a ella dentro de la camioneta, con los codos apoyados sobre las rodillas y el dije de Vi