Mientras observaba a su novio comer, Eva bebía a sorbos el vino de la copa.
—Estoy feliz esta noche, pensé que no tendríamos un momento así tan pronto —comentó.
—Te dije que después de mudarme aquí, las cosas se volverían más agitadas, por eso no quería que vinieras —dijo él.
—Incluso intenté quedarme en casa de mis padres, pero la añoranza por ti era demasiado grande.
—No inventes eso, Eva. Ya estuve más tiempo lejos y nunca te quejaste.
—Pero ahora es diferente —explicó.
—¿Qué lo hace diferen