La expresión de Eva demostraba que no parecía nada bien.
Por más que no quisiera sentirse nerviosa, Rafaela temió sobre lo que la mujer quería conversar con ella. Sin embargo, sabía que debía mantener su postura y no demostrar su nerviosismo.
—¿Señorita Eva? ¿Ocurrió alguna cosa? —preguntó, acercándose a ella.
—¿Tienes un minuto para hablar conmigo? Prometo que no tomaré tu tiempo —dijo Eva.
Las dos caminaron hasta un pequeño restaurante que había por allí y se sentaron a conversar. Eva parecía