El aire de la casa era distinto esa noche.
No sabía explicar por qué, pero se sentía más denso… más cargado. Como si algo invisible hubiese cambiado entre esas paredes.
Tal vez era yo.
O tal vez… era Noah.
Después de la tarde en el jardín, la pequeña no se había separado de mí ni un segundo. Cada vez que me movía, ella estaba ahí. Observándome. Siguiéndome. Como si algo dentro de ella ya hubiera tomado una decisión que yo todavía no podía aceptar.
Y cuando llegó la hora de entrar, no dudó.
Vino