POV Nathan
—Tranquila, Maya… —mi voz sonaba ahogada mientras la sostenía contra mi pecho. Sentía su cuerpo temblar como si la vida se le escapara entre los huesos.
La subí al auto y no dijo una sola palabra en todo el camino. Apenas respiraba. Cuando llegamos, la llevé directo a la sala de su apartamento. Se dejó caer en el sofá, con la mirada perdida, como si yo no existiera.
—¿Quieres agua? ¿Algo caliente? —pregunté con cuidado.
Silencio. Solo el sonido de su respiración irregular.