37. Un triste Adiós
Sofía Martínez:
La habitación del hospital se sentía más fría y vacía que nunca. El silencio me envolvía, solo interrumpido por el murmullo lejano del pasillo y el latido errático de mi corazón. Sentía un peso indescriptible en el pecho, una presión que amenazaba con quebrarme por completo.
Recordé las palabras de Rayan, su voz firme pero llena de ternura pidiéndome que le hablara a Diego. Que le dijera todo aquello que mi alma no había podido expresar en vida.
Cerré los ojos con fuerza,