47. Epílogo
Rayan Sotomayor
Los días que siguieron en Ciudad G estuvieron colmados de una ilusión serena, casi mágica.
Era como si el destino, finalmente complacido, comenzara a escribir con tinta dorada las nuevas páginas de nuestra historia. Cada amanecer traía consigo la promesa de que los fantasmas del pasado serían borrados con la fuerza de un presente luminoso, uno que se tejía con cada mirada cómplice, con cada risa compartida entre Sofía y yo.
Poco después, regresamos a nuestra rutina para re