Cassian nunca había sido bueno con las palabras suaves.
Sus manos estaban hechas para matar, para proteger a su manada. No para sostener cachorros pequeños, jamás había imaginado estar en esa posición.
Incluso antes de conocer a Katherine, apenas iba a su harem, solo tenía uno como todos los Alfas.
No sabía otra cosa que tomar las cosas con brusquedad, era tosco, así también con a las hembras pero a ellas parecía gustarles ese trato. Ninguna le había provocado un sentimiento más intenso que el