Capítulo 9 —Testigo invisible
Dentro del vientre metálico del autobús, Lyra y Nora dormían plácidamente. El movimiento constante y el suave zumbido del motor las habían arrullado, permitiéndole a Lyra una tregua en su mente y en su corazón destrozado. Estaba apoyada en el hombro de Nora, su mejor amiga, su ancla, mientras el vehículo cruzaba el límite del territorio de la manada, adentrándose en el vasto mundo de los humanos. Afuera, la luna se alzaba enorme y pálida, bañando el camino con una