Mundo ficciónIniciar sesiónEra un día lluvioso. Ella solo quería acabar con el tacto tortuoso de Bryce, un cotizado millonario que se casó con ella, y que no estaba dispuesto a dejarla ir sin antes pagar por la traición que le hizo, haciendo que se rindiera ante el monstruo que era, y que la hacía suya una y otra vez. —No quiero volver a verte. —Fue culpa de ella... —Es una lástima, tienes que pagar un alto precio por ello. Dos años después, América regresó siendo una importante empresaria, pero encontrarse con quien seguía siendo su esposo, suponía una sola cosa; problemas y un divorcio que Bryce no estaba dispuesto a darle, cuando se da cuenta de que la niña de ojos verdes que ella carga en brazos, es suya.
Leer másMi mejor amiga regaló mi inocencia a su novio.
Pero lo que ella no esperaba era que yo quedara embarazada del hijo de su novio.
Cuando intentó pedirle a su novio que me devolviera, ese hombre se negó rotundamente.
Ahora ella está en pánico, pero quiero decir, el juego apenas ha comenzado, mi querida amiga.
……
La habitación espaciosa estaba sumida en la oscuridad. No se distinguía nada, salvo los jadeos bajos de un hombre y los gemidos ahogados de una mujer...
Dos cuerpos desnudos se entrelazaban en la cama. Las piernas largas de la mujer estaban abiertas al máximo, sus dedos se aferraban con fuerza a las sábanas, y su cuello se arqueaba hacia atrás, apoyándose en el pecho del hombre. Sus gemidos mezclaban un placer difuso con un dolor evidente y persistente.
Silvina Torres se acurrucó más en los brazos cálidos del hombre. Aunque no había descansado en toda la noche y le dolía cada parte del cuerpo, no sentía ningún remordimiento.
Llevaba mucho tiempo preparándose para esto. Quería entregarse como un regalo precioso... para él.
Después de un año de relación con Wilson Pérez, siempre se había negado a tener intimidad. No quería ceder su primera vez de manera precipitada.
Pero esta noche era diferente. Mañana Wilson se marcharía al extranjero, y además, ¡era su cumpleaños número veintidós!
Siguiendo el consejo insistente de su mejor amiga, había reservado una suite de lujo en este hotel, decidida a dar ese paso y entregarse por completo a su novio.
Silvina sonrió y rodeó con los brazos la cintura del hombre. ¡Vaya sorpresa! No imaginaba que Wilson tuviera un cuerpo tan perfecto. Ni demasiado delgado ni demasiado fornido. Justo como le gustaba.
—Mmm... ¿Rosa? ¿Ya estás despierta? —murmuró el hombre sobre su cabeza—. Gracias por anoche.
—No digas eso, Wilson... Lo hice con gusto —respondió Silvina dulcemente, apretando su abrazo.
¿Rosa...?
¿Wilson...?
Ambos se congelaron durante unos segundos. Luego se separaron bruscamente.
Silvina, alarmada, se giró y encendió la lámpara de la mesita de noche.
En cuanto la luz iluminó el cuarto, sus ojos se toparon con un rostro completamente desconocido. Dio un grito ahogado de pánico:
—¡¿Quién eres tú?!
Se cubrió el cuerpo rápidamente con la sábana.
—¡¿Qué haces aquí?! —preguntó, aterrada.
—¡Esta es mi habitación! ¿Y tú quién eres? ¿Qué haces en mi cama? —respondió el hombre con una expresión tan desconcertada como la de ella.
El cuerpo de Silvina se heló al instante. Una inquietud profunda le recorrió el pecho.
—¡Pero... esta es la habitación 1638! ¡Mi amiga me entregó personalmente la tarjeta! El hombre que debía estar aquí... era mi novio...
—¿Ah, sí? —Leonel Muñoz soltó una carcajada irónica—. Qué excusa más barata. Con la cantidad de mujeres que sueñan con meterse en mi cama, ¿ahora tú me vienes con el cuento de que fue un error? Si investigaste hasta mi número de habitación, ¿no es obvio que planeaste esto? Vamos, ¿cuánto quieres?
Las palabras del hombre, cargadas de sarcasmo, le atravesaron el pecho como cuchillas. Silvina comenzó a recuperar la compostura. ¿Qué diablos había pasado anoche?
Recordaba que había salido a beber con su mejor amiga, Rosa Reyes. Rosa viajaba esa noche a Milán para una pasarela internacional. Brindaron por eso, y también por el cumpleaños próximo de Silvina.
Había bebido demasiado. Rosa insistía una y otra vez en que debía aprovechar y acostarse con Wilson antes de que se fuera por dos años. Y ella... accedió, sin pensarlo mucho.
Rosa le dio una tarjeta de habitación. Silvina la usó y entró.
Pero... ¿cómo era posible que el hombre en la cama no fuera Wilson?
—¿Qué dinero? ¡No quiero tu dinero! —exclamó, cada vez más angustiada—. ¿Dónde está Wilson?
Leonel frunció el ceño. La mujer frente a él realmente parecía estar confundida. ¿Acaso no la había oído mencionar el nombre "Wilson" antes? ¿Podría ser que todo esto hubiera sido una trampa... para ambos?
Anoche, él había quedado con Rosa. Escuchó que alguien entraba con una tarjeta, y como la habitación estaba a oscuras, no encendió la luz. El perfume era el mismo que siempre usaba Rosa, así que no dudó: pensó que era ella. Pero ahora, viendo bien, la mujer con la que había pasado la noche era completamente distinta.
Estaba por preguntarle algo cuando su teléfono sonó. Al ver la pantalla, se dio cuenta de que era Rosa.
—¿Rosa? ¿Qué está pasando?
La voz de Rosa sonó al otro lado, con tono culpable:
—Leonel, lo siento muchísimo... Ayer recibí una invitación de último minuto desde Milán. Quieren que sea la modelo de cierre del desfile. Tomé el vuelo de las ocho de la noche. Sabes que ser el cierre ha sido mi sueño desde siempre. No podía dejar pasar esta oportunidad. ¿Puedes perdonarme?
Hizo una pausa y añadió, animada:
—Ah, y te dejé un regalito anoche como compensación. ¿Te gustó?
—¿Un regalo? —Los ojos de Leonel se entornaron y, al final, su mirada fría se clavó en la mujer de la bata—. Interesante.
—Sí, me tomé el tiempo de elegirla. Fue difícil encontrar una virgen hoy en día. ¿No te pareció especial la experiencia de anoche? —preguntó Rosa con tono insinuante.
—Por supuesto que fue especial. Tener una novia tan detallista como tú es una bendición —respondió Leonel con sarcasmo apenas disimulado—. Si tanto te importa ser modelo, entonces asegúrate de brillar en Milán.
Sin darle oportunidad de responder, colgó la llamada.
Silvina, mientras tanto, ya había revisado cada rincón de la habitación. No había rastro de Wilson. Su ansiedad se desbordaba. ¡Había pasado la noche con un hombre completamente desconocido! ¿Cómo iba a enfrentar a Wilson después de esto?
BRYCEHace años creí haber encontrado a la mujer de mi vida, Alene, estaba equivocado, porque ahora, teniendo a América desnuda a mi lado, dormida como en un sueño, me siento el hombre más afortunado del mundo. Han pasado dos años y siento que no la merezco, cada día que transcurre hace que mi amor por ella incremente, me levanto, está agotada, hace un mes me dio el mejor regalo, dio a luz a dos hijos míos. Porque sí, luego de que perdiéramos a nuestro bebé, no dejamos de intentar y es como quedó embarazada de gemelos, un varón y una niña, sacaron su color de cabello, pero ambos mantienen mis ojos verdes, al igual que los de su hermana mayor; Madeline, mi pequeña de cuatro años. No sé qué mierda hice para merecer a esta familia, pero la cuido día con día. Me incorporo, me doy una ducha de agua caliente y al salir, me encuentro con un par de pequeños brazos que se aferran a mis piernas. —¡Papi! Madeline ríe con la boca llena de chocolate. —¿Qué ha sucedido aquí? —la cargo. —Enc
AMÉRICAMiro a Bryce hablando con el doctor, luego de todo el revuelo con Vanesa, llegó la policía y la llevaron al hospital, no murió, pero si quedó gravemente herida, él dice que su familia piensa internarla en un centro psiquiátrico para ayudarla, es lo mejor, eso creo, y ahora, luego de dos días de todo el revuelo con la prensa, estamos en casa. Mandó llamar a su doctor de cabecera para que me revisara y verificar que todo esté bien. Lo estoy, pero es como si no escuchara razones. Miro a Bryce y siento que no lo merezco, es decir, todo lo que inició fue por la sed de venganza de mi padre y hermana, él iba a ser mi cuñado y terminó siendo mi marido, el padre de mi hijo. Quien en estos momentos frunce el ceño con algo que le dice el doctor. Luego lo despide y cierra la puerta. —¿Todo bien? —inquiero con cautela. —Tienes un poco de anemia, al parecer mi trabajo es que comas mucho, estás demasiado delgada —anuncia con disgusto. Un silencio incómodo se aloja entre los dos. —Cre
AMÉRICABusco algún indicio de que sea una habitación como la de la pareja que quiere ser vista, pero no, esta solo tiene un sofá, las paredes están cerradas, no hay manera de que escape de esto. —Si lo que buscas son cámaras, no las vas a encontrar —me dice Bryce, quitándose la ropa. —¿Qué haces? —inquiero con cautela. —Lo que debí haber hecho desde que llegaste a la conclusión de que haciendo que Alarik te besara y te tocara, ibas a lograr que te diera el divorcio —espeta con firmeza. —Ya no podemos estar juntos —declaro—. ¿Acaso no lo ves? Soy la hermana de la mujer que te iba a destruir, te he engañado todo este tiempo, te oculté una hija, perdí a tu bebé, estamos casados solo por contrato, uno que no debió ser. Trato de que entre en razón, pero al parecer no lo logro. Se queda desnudo, solo con los bóxer, retrocedo, sin embargo, él me jala con fuerza haciendo que mis pechos se aplasten contra su duro tórax. —¿A dónde vas? —baja sus manos hasta mi trasero y lo apretuja. —B
BRYCEAmérica cree que puede jugar conmigo a su antojo. Bien, le voy a demostrar que no puede, que soy mejor jugador que ella, por lo que decido ignorarla y concentrarme en la rubia que me mira como si fuese lo único que está en su mundo. No me agrada, ella se lame los labios al tiempo que ancla sus ojos sobre los míos, luego, ligeramente viajan hasta mi polla, la cual no puede estar más muerta, ya que el único coño que deseo probar es el de la malcriada que me ignora y que no para de reír a propósito, con Alarik. —Bien, comencemos —anuncia uno de mis socios. Veamos hasta qué punto es capaz de llegar América, con tal de matar esto que siento por ella. No va a lograr que le dé el maldito divorcio, eso ya debe saberlo más que de sobra. —Como saben —habla Ricardo, un socio y amigo—. Este juego es exclusivo, todos los que estamos aquí, es porque lo queremos, a nadie se le obliga, se ha hecho ya el intercambio de parejas y por ende, solo nos queda disfrutar, no hay límite, a menos de





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