BRYCE
América cree que puede jugar conmigo a su antojo. Bien, le voy a demostrar que no puede, que soy mejor jugador que ella, por lo que decido ignorarla y concentrarme en la rubia que me mira como si fuese lo único que está en su mundo.
No me agrada, ella se lame los labios al tiempo que ancla sus ojos sobre los míos, luego, ligeramente viajan hasta mi polla, la cual no puede estar más muerta, ya que el único coño que deseo probar es el de la malcriada que me ignora y que no para de reír a