—Dominic... —susurró Selene mientras él iba dejando un rastro de besos por su cuello. Sabía que no debía estar haciendo aquello, pero en ese momento era como si hubiera perdido por completo el control de su cuerpo y de su mente.
—Detengámonos, por favor. Esto no está bien, Dominic. —Le suplicó.
Pero Dominic ya no estaba dispuesto a dejarla ir.
Ella era suya y quería reclamarla.
—Te deseo, Selene. ¡Te deseo muchísimo! —Volvió a apoderarse de sus labios en un beso ardiente, y Selene sintió cómo s