—No vine a morir —dijo Selene, con una voz que resonó con una claridad que la sorprendió incluso a ella—. Vine a poner fin a esto. A ponerte fin a ti.
Ares soltó una carcajada, un sonido oscuro y escalofriante que le provocó un escalofrío a Selene por la columna vertebral. —¿Crees que puedes derrotarme? ¿A mí, el Dios de la Guerra? No eres más que una simple diosa.
Selene enderezó los hombros, con una postura inquebrantable. —Puede que sea una diosa, pero no estoy sola —corrigió Selene, mientra