—Entregas la espada y renuncias a tu título, o miras a tu querido Dominic morir a manos mías.
Los ojos de Selene se llenaron de lágrimas mientras miraba a Dominic y a Ares. Tenía el corazón partido en dos y la mente le iba a mil por hora intentando encontrar una salida. Pero sabía que no había otra opción.
¿Qué iba a hacer?
—No lo escuches, Selene —dijo Dominic—. Haz lo que tengas que hacer para salvar al mundo y a la gente. No te preocupes por mí. Ya no tengo nada que perder. He vengado la mue