Al día siguiente, en la escuela, Selene no podía evitar sentirse desanimada. Intentaba apartar aquellos pensamientos de su mente, pero seguían regresando una y otra vez. Cada día era como si se estuviera debilitando más, y eso la inquietaba profundamente.
Había llegado al salón más temprano de lo habitual. No dejaba de darle vueltas a todo lo que había ocurrido en casa, pero estar allí tampoco ayudaba demasiado.
Suspiró y apoyó la cabeza sobre el escritorio.
—¿Qué más puedo hacer? He hecho todo