Selene miró a todos a su alrededor y supo que estaba en desventaja numérica. Sus ojos recorrieron la habitación, registrando los rostros hostiles de los dioses y diosas que la rodeaban. Sabía que tenía que pensar rápido o correría el riesgo de ser sometida.
—Ares, tú estás detrás de todo esto, ¿verdad? —acusó Selene, intentando mantener la voz firme—. Estás manipulando a los hombres lobo, haciendo que se vuelvan en mi contra.
Ares sonrió con suficiencia, claramente complacido consigo mismo. —¿A