Helena tomó las llaves del auto de su madre y se despidió al salir sin detenerse mucho para que su madre no le diera un sermón, al llegar a la cochera vio su carcacha estacionada a un lado, ya su padre se había hecho cargo de traerla de regreso con una grúa.
El ver el auto trajo a su memoria los eventos del día anterior, el rostro perfecto de Vasil y su expresión furiosa cuando fue por los lobos y el sueño húmedo de esa mañana.
— ¿Saldrás? — La voz de Alex la sobresaltó.
— ¡Papá! — Llevándose l