Pov Leina
Me sacudí las manos y miré la habitación que ahora sí había quedado más decente.
Quité por completo el polvo, saqué las hojas secas y quité las sábanas blancas de los muebles.
Solo faltaba el candelabro lleno de telarañas sobre mi cabeza, pero eso es trabajo de otra persona.
Unos brazos fuertes y tatuados me abrazaron por detrás, dejando pequeños besos desde mi cabeza hasta mi cuello.
—Se ve perfecto.
—Gracias, amor, es lo mejor que puedo hacer.
Bajamos hasta el comedor que limpiamos